viernes, 21 de agosto de 2009

“Diálogo”: ¿quiere decir “de dos”?

Pareciera un dato que todo el mundo da por entendido: “monólogo” quiere decir “conversación o discurso de uno” (de quien habla solo), mientras que “diálogo” quiere decir “conversación o discurso de dos”. Es algo que se afirma en exhortaciones, en discursos públicos, en entrevistas de prensa, en sermones, etc., casi siempre para animarnos a que nos aseguremos de escuchar a los demás, tomar en cuenta sus puntos de vista, responder sin imponer los nuestros, y otras acciones igualmente conducentes a las buenas relaciones humanas.
Pues bien, “diálogo” no quiere decir “conversación de dos”. Este es un caso de lo que se llama falsa etimología, o etimología popular (en este caso semiculta) desacertada. Las raíces de “monólogo” y “diálogo” son de la lengua griega, de la cual se derivan muchísimas palabras en español, y de la cual la mayoría de los hablantes con cierto nivel de educación conocen un buen número de raíces. Es muy bien conocida la palabra griega logos, que significa precisamente ‘palabra’ o ‘discurso’ (entre otros significados). También es conocida la palabra monos, ‘uno solo’. Es correcta, por tanto, la apreciación popular de que “monólogo” significa ‘discurso de uno solo’. En la mentalidad popular se hace entonces el razonamiento de que la partícula griega diá- significa “dos” (porque se parece a nuestro “dos” y a la partícula “di-” que denota ‘dos’).
Y no es así. Diá es en griego una preposición que significa ‘por, a través de, de un lado a otro de’. La tenemos por ejemplo en palabras españolas como “diámetro”, ‘medida o línea que pasa a través [del centro de un círculo]’, o “diacrónico”, ‘a través del tiempo’, o “diarrea”, ‘flujo a través [del estómago]’. Por lo tanto, el significado etimológico de “diálogo” es algo así como ‘palabra o discurso que va de un lado a otro’, ‘discurso cruzado’, ‘intercambio de palabras’. Obviamente, para que las palabras vayan de un lado a otro o se intercambien tiene que haber al menos dos personas. Puede haber muchas más. “Diálogo” sí es lo contrario de “monólogo” en cuanto que un diálogo no puede ser de una sola persona, pero no porque la raíz misma contenga el sentido de “dos”.
En griego, “dos” es dýo (en que la y representa la letra griega ípsilon, cuyo sonido era como el de la u francesa en lune y que en mayúscula tiene la forma Y, que por eso llamamos “i griega”). Como prefijo toma la forma di-, que encontramos en palabras como “dióxido” (‘con dos átomos de oxígeno’) y “dígrafo” (‘grupo de dos letras que juntas representan un solo sonido’, como ch o qu). Claro está que dia- se parece demasiado a di- (a veces de hecho el prefijo dia- queda reducido a di-, como en “diéresis”), y los hablantes del español no tienen ninguna obligación de estar enterados de esas sutilezas. Pero sí sería mejor que no habláramos como si supiéramos cuando en realidad no sabemos... mejor no afirmar que “diálogo” significa “conversación de dos”, porque no es eso lo que significan sus raíces. Es una falsa etimología, basada en la pura apariencia fónica, como la de aquel predicador que afirmaba que “paciencia” es, “como la palabra lo dice, ‘la ciencia de la paz’”. O como una de las muchas falsas etimologías del erudito San Isidoro de Sevilla (siglo VII), una de las cuales afirmaba que la palabra latina cadaver (de igual significado que en español) era una especie de acrónimo de “caro data vermibus”, ‘carne dada a los gusanos’.

domingo, 16 de agosto de 2009

Punto final sobre el controvertido “lenguaje de género”

Un excelente artículo del Dr. Ronald Ross en el suplemento “Áncora” de La Nación de esta fecha, titulado ‘Los, las y también l@s’, pone punto final, en mi opinión, a toda la discusión sobre el “lenguaje de género” en español, es decir, el uso que alguna gente ha insistido en establecer de frases como “las niñas y los niños”, “los y las jóvenes”, “los profesores y las profesoras”. Su conclusión es que en español ese uso desglosado y redundante no tiene razón de ser.
Yo en el pasado he expresado muchas veces, informalmente, esa misma postura; pero la he expresado casi siempre en el sentido de que el español es “inherentemente inclusivo” en el uso de los plurales masculinos como “los niños”, que, según mi punto de vista, de natural incluyen a “las niñas” y por lo tanto hacen innecesaria la especificación del femenino. Sin embargo, admito que esa postura mía bien podría ser calificada de “ideológicamente conservadora” o incluso “purista”.
En cambio el Dr. Ross da una explicación lingüística científica de por qué ese plural masculino (que según él sería más bien un plural ‘no femenino’) incluye al género femenino. A él (y a su análisis) sí que no se le puede tildar de purista o conservador, y eso es, pienso yo, lo que lo hace prácticamente irrefutable.
Un ejemplo —que don Ronald no cita— de cómo el género masculino es más bien un ‘no femenino’ lo tenemos precisamente en la palabra ‘niño’, incluso en singular. Si decimos ‘una niña’, es indudable que nos referimos al género (y en este caso al sexo) femenino. En cambio, si decimos ‘un niño’ podríamos estar refiriéndonos tanto al masculino como al femenino, lo cual se demuestra porque, si queremos especificar que se trata del masculino, decimos entonces ‘un niño varón’. (Sería, en cambio, un disparate decir *‘una niña mujer’, puesto que no puede ser *‘una niña varón’.)

jueves, 13 de agosto de 2009

Los cacahuates y el maní

Mis entradas sobre regionalismos serán, en principio, solo tres; aunque podría decidir en el camino poner algunas otras interesantes y, sobre todo, que no despierten mucha polémica. Mi primera entrada es sobre los cacahuates o el maní.
Muy rápido habiendo llegado a México (y no antes de eso) noté un detalle muy interesante con esta sabrosa semilla que nos comemos para acompañar a menudo el vino o la cerveza y para "picar" o "botanear" (dependiendo dónde nos lo comamos). Es bien sabido que el maní en México se llama cacahuate. Lo que tal vez pase desapercibido para los turistas poco observadores es que, mientras en un lugar como Costa Rica nos referimos al maní en singular, en México se llama "los cacahuates" (en plural). Entonces uno en México pide que le pasen los cacahuates, mientras que en Costa Rica (y en casi todo el resto de América Latina) pide que le pasen el maní.
Muy rápidamente me inquietó esta diferencia y me pregunté de dónde podría venir. Acudí a la fuente inevitable (aunque no siempre la ideal): el diccionario de la RAE. Resulta que el cacahuate es definido por la Real Academia Española así: "cacahuate: Hond. y Méx. cacahuete". Esto me remitió a la palabra "cacahuete", que es la forma en que le dicen en España. Claro que en España esa palabra no se la inventaron, porque esa palabra la definen así: "cacahuete (del náhuatl cacáhuatl)" aunque esa no es la definición, sino la etimología, esta es la parte que nos interesa. La palabra que usan en México y Honduras, cacahuate, es original del náhuatl. Entonces pude remitirme a una muestra muy básica de gramática náhuatl, donde descubrí que esta lengua uto-azteca construye sus singulares en "-tl" y sus plurales en "-h" o en varias reduplicaciones que no vienen al caso. El punto es que "cacahuate" es una palabra singular, como decir "semilla". Eso explica por qué dicen "los cacahuates"; es como pedir "las semillas", o "las palomitas".
Entonces quedé con la duda de por qué se dice "el maní". El DRAE define maní de una manera simple: "maní: (voz taína) cacahuete". Entonces descubrí que la palabra maní es de origen taíno. El taíno es una lengua arahuaca original del Caribe venezolano y expandida desde ahí hacia el resto del Caribe insular. Pareciera que "maní" es la forma en que se le llama al maní en casi toda América Latina fuera de México (no me queda tan confirmado el dato de la RAE de que en Honduras también se le dice cacahuate). Sin embargo, no he podido hasta ahora consultar material gramático del taíno. Claro, no es una lengua tan importante como el náhuatl. Por esto, no he podido más que llegar a una teoría. La voz taína "maní" tiene que ser un sustantivo colectivo, de manera que el maní es el conjunto de las semillas y por eso las llamamos a todas en forma singular. Una segunda opción, que se me ocurre en este instante, es que sea el nombre de la planta, de forma que pedir el maní es como si comiéramos semillas de sandía y las llamáramos "sandía". En este caso sería una metonimia de llamar a la parte por el todo.
En fin, los cacahuates o el maní serán (o será) siempre un (o unos) buen(os) aperitivo(s).

miércoles, 12 de agosto de 2009

Extranjeros en Miami (menú cubano para anglohablantes)

Bien sabido es que en Miami los extranjeros son los que hablan inglés, por ser tan masiva la población de latinoamericanos. Estando allí hace pocos días, visité un excelente restaurante cubano cuyo menú, como cosa interesante y para conveniencia de los “extranjeros”, estaba escrito en inglés. Claro, con excepción de los nombres de un buen número de platos y órdenes, que son en español. En la última página del desplegable venía un glosario muy bien hecho, que me pareció útil porque traía una guía de pronunciación para anglohablantes.
Transcribo a continuación ese glosario, advirtiendo primero que unos cuantos términos cubanos necesitan traducción también para otros hispanos. Así, “palomilla” es cierto corte de carne de res; “fritas” creo que son como unos pastelillos; “natilla” es una especie de crema quemada (parecida a lo que en Costa Rica se llama “chiricaya”); “congrí” es el equivalente de nuestro “gallo pinto”, y “tortilla” significa lo mismo que en España, es decir una torta de huevo u omelette. He aquí una joya de esa sociedad multicultural que vive en Miami. Vean especialmente la pronunciación figurada (entre paréntesis) que debería ayudar a un anglohablante a pronunciar bien el término en español; observen también que, a menos que sea un error, en la pronunciación de “tres leches” se omite la “s” final, en coherencia con la pronunciación cubana:

TOSTONES (toes toe ness): green plantain
PAN CON BISTEC (pan kon bis take): steak sandwich
PALOMILLA (pa low mee ya): Cuban steak
CROQUETAS (crow kay tas): croquettes
FRITAS (free tas): Cuban patty
NATILLA (na tee ya): cream custard
TRES LECHES (trays lay che): milk pudding and cream
SOPA (sow pa): soup
CONGRÍ (kon gree): rice and beans
CAFÉ CUBANO (ka fay cue ba know): Cuban coffee
TOSTADA (toes ta da): Cuban toast
TORTILLA (tor tee ya): omelette
BATIDOS (ba tee dos): shakes
PAPITAS (pa pee tas): fries
MADUROS (ma du rows): fried sweet bananas
FRIJOLES (free ho less): beans
JAMÓN (ha moan): ham
POLLO (poe yo): chicken

Así que ya saben, la próxima vez que vayan a Miami pueden visitar ese restaurante en compañía de algún anglohablante, y este no tendrá problemas para entender el menú y pronunciar sus términos.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Las secretarias y el "envió"

Podría apostar a que usted, como yo, ha recibido varias veces un correo electrónico, generalmente redactado por una secretaria, que dice: “Adjunto le envió el documento que le mencionó el Sr. XXX en su conversación” (el resaltado es mío). Claro que quería decir “le envío”. Tal vez usó el corrector ortográfico. Tal vez, en ese caso, no le puso la tilde en ninguna parte, ni en la i ni en la o, pero el corrector cambió a “envió”, y ella lo dejó así. ¡¿Qué le costaba fijarse un poquito?! ¿Acaso, si lee, no se da cuenta de que “envió” solo puede ser él o ella, y solo puede ser pasado, pero no puede ser yo ni ser presente?
Como todas las cosas de las computadoras, el corrector ortográfico es para gente inteligente. Es para corregir los dedazos, las cosas que uno sabe cómo escribir pero que por descuido o por rapidez de los dedos escribe mal. Uno tiene que saber más que el corrector ortográfico. Si espera que ese programita le sirva de profesor de Español, está perdido. O perdida.

sábado, 1 de agosto de 2009

La interminable conversación de los regionalismos

Antes de mi viaje a México ya había estado en muchos contextos con personas de diferentes países hispanohablantes. Incluso había estado con personas de un mismo país pero de diferentes ciudades o regiones. Cuando se está en contextos así, el tema de conversación obligatorio son las diferencias lingüísticas de una región a otra.
Las diferencias que se observan primero son las formas en que se pronuncian ciertas letras. Después la gente se fija en las palabras que en un lugar son ofensivas y en otro lugar no significan nada. Luego se observan los nombres que se dan a ciertas frutas, a ciertas actividades o a ciertos objetos. Casi nunca las conversaciones llegan a las diferencias que hay de conjugación o en el empleo de ciertas reglas gramaticales.
En estas conversaciones siempre uno tiene que tener dos cosas muy presentes. Primero, que todos, absolutamente todos los hispanohablantes, creen que su español es el correcto, y que las diferencias que hay en otros lugares son errores. Segundo, que esto no es cierto. Obviamente habrá excepciones de personas que son muy abiertas y que no consideran errores las otras formas de español sino que no les preocupa mucho eso. Yo fui de los que afirmé que el español de mi país era el único correcto, pero con el paso del tiempo fui descubriendo algo distinto.
Mi posición actual es que cada variante regional cubre las necesidades de la cultura que la adopta, y refleja seguramente algún rasgo de la idiosincracia de sus hablantes. Incluso cuando se trata de un uso diferente de reglas de conjugación, estas cosas son motivadas por situaciones culturales y no porque alguien no aprendió bien español y luego se lo enseñó mal a todos los demás.
En próximas entradas voy a hablar de algunas diferencias entre el español de varios lugares, pero no como si uno estuviera mal y el otro bien, sino tratando de descubrir la razón detrás de esas diferencias. Mientras tanto, les dejo algunas diferencias cuya explicación no he investigado muy a fondo. Se podría hacer un blog solo de esto.
  • En Costa Rica un partido de futbol entre amigos es una mejenga, en México es una cascarita.
  • En México jalar es trabajar, en Costa Rica es tener novia o novio. En Ecuador (al menos en algunas partes), cortejar es compartir. En Chile, tener novio o novia es pololear, y a la pareja se le llama pololo o polola. (No sé si esto es en ambientes muy informales o hasta irrespetuosos, eso nadie me lo ha explicado).
  • En Honduras un niño es un güirro o un cipote (creo que es "cipote" y no "sipote", ni "zipote", aunque esta palabra nunca la vi escrita, solo la he escuchado); en Costa Rica es un güila y en Nicaragua un chigüín. Pero no vayan a decirle güila a nadie en México porque es una mujer de mala reputación.
  • Una palabra muy interesante es lo que en Costa Rica se conoce como natilla. En Nicaragua y en México eso es crema, y creo recordar que en Honduras es mantequilla. En una mesa de desayuno con un nica, un tico y un hondureño, si alguien pide la mantequilla, los otros dos le podrían pasar una cosa diferente cada uno.
Así podríamos seguir, en otras entradas voy a hablar sobre:
  • El maní.
  • Los reductores de velocidad.
  • Ciertas variantes en el uso de los hiatos y diptongos.