miércoles, 24 de agosto de 2011

Por qué estoy en contra de “femicidio”

Por supuesto que, como cualquier ser humano con algo de sentido común, estoy en contra de que asesinen a las mujeres. También estoy en contra de que asesinen a los varones, y en contra de que asesinen a los niños, y en contra de que asesinen a los no nacidos. Pero de lo que quiero hablar no es de eso, sino de que estoy en contra de que al delito de asesinar a una mujer se lo llame “femicidio”, como pretenden ahora. Esa palabra es un invento absurdo, como absurda es la majadería de quienes quieren que hablemos de “los niños y las niñas”.
El término “femicidio” es absurdo por dos razones. La primera razón es que está basado sobre el supuesto (infundado) de que el término “homicidio” se refiere al asesinato de hombres (varones) y que por lo tanto hay que crear un término que designe específicamente el asesinato de mujeres. Ese supuesto es falso porque “homicidio” viene de dos raíces latinas: la raíz hom- (el sustantivo homo, hominis = ‘hombre, ser humano’) y la raíz -cid- relacionada con “matar” (p.ej. occido, ‘matar’); pero la primera de ellas, que es la que aquí interesa, claramente designa a cualquier individuo de la especie humana, sea varón o mujer. En efecto, homo/hominis es un término inclusivo de ambos sexos, aunque en español y las otras lenguas romances haya llegado a designar especialmente (pero no exclusivamente) al varón. Entonces “homicidio” quiere decir “asesinato de un ser humano”; si se refiriera exclusivamente a los varones la palabra sería “*viricidio”, y solo en ese caso tendría razón de ser un término como “femicidio”.  (Nota: Es importante distinguir esta raíz latina homo de la raíz griega homo- que tiene un sentido muy diferente: ‘igual, mismo’ como en “homogéneo”, “homónimo”, “homosexual”.)
La segunda razón por la que la palabra “femicidio” es absurda es que está mal construida. Se ha pretendido construirla basándola en el vocablo latino femina ‘mujer’ (de donde viene el español “hembra”). Pero resulta que la raíz de esa palabra no es *fem- sino femin-, como lo vemos en varias palabras castellanas: “femenino”, “feminidad”, “feminismo”, etc. Si querían inventar una palabra, y si creían (equivocadamente) que era necesario inventarla, ¿por qué no la inventaron bien de una vez? De ser así, la palabra habría tenido que ser “feminicidio”, pero nunca “femicidio”. Ciertamente es más complicado, pero de todos modos ya bastante nos complican con ese innecesario neologismo. Alguien podría argumentar: ¿entonces no deberíamos decir también “hominicidio” en vez de “homicidio”? No, porque resulta que en el caso de homo/hominis, aunque el “tema” del sustantivo declinado es homin-, sí existe en el caso nominativo la palabra homo; es más, la palabra completa homicidium existía ya como tal en latín.

domingo, 5 de junio de 2011

¿Es usted un tour operador carbono neutral?

Una de esas peculiaridades que hacen del inglés un idioma tan ágil y, en cierto modo, tan simple es su capacidad de yuxtaponer palabras —omitiendo posibles preposiciones— para indicar casi cualquier tipo de relación entre esas palabras que quedan yuxtapuestas. Quizás la más común de esas relaciones es la “posesión”, o una forma muy amplia de relación que de algún modo se identifica con la posesión.
Así, mientras en español necesitamos la preposición de para la expresión “centro de convenciones”, en inglés un local así se designa convirtiendo convention (en singular) prácticamente en un adjetivo al yuxtaponerlo y anteponerlo a center para dar convention center. Se podría ciertamente decir center of conventions, pero eso es innecesariamente complicado; en la lengua siempre prevalece la ley del menor esfuerzo. Y si se dijera conventions’ center (usando la desinencia inglesa para el posesivo o genitivo, en este caso s + apóstrofo por ser plural) se daría un matiz diferente porque se estaría refiriendo a ciertas convenciones específicas (por ejemplo si en el contexto se viniera hablando de the 2008 conventions —suponiendo que fueran dos o más— y luego se mencionara el centro donde se efectuaron, para distinguirlo de otros posibles centros de convenciones...).
En los tiempos de la postmodernidad, varias expresiones inglesas construidas de ese modo y convertidas en giros de uso sumamente común han hecho su entrada en la comunidad hispanohablante. Que yo me acuerde, la primera de ellas fue, alrededor de 1990, la expresión IBM compatible, que era el adjetivo aplicado a una computadora de cualquier marca (o de ninguna) que funcionaba con el mismo sistema operativo de las computadoras IBM (primero el DOS, más tarde el Windows) y no con el de Apple. No sé qué harían en España con esa expresión; pero en América Latina, o al menos ciertamente en Costa Rica, si uno entraba a una tienda en busca de una computadora, se encontraba con que los vendedores y los entendidos en la materia —o los que pasaban por entendidos— habían importado la expresión inglesa sin más arancel aduanero que el cambio de pronunciación. Le decían a uno: “Esta computadora es i-be-eme compatible.”
El problema es que en español, el adjetivo “compatible”, pospuesto a la marca comercial IBM, lo que hace es decir un atributo de esa marca. Es decir, estrictamente, el vendedor le estaba diciendo a uno que esa computadora era una IBM (cosa que, precisamente, no era), y que en cuanto tal era compatible (quién sabe con qué). Y más bien, lo que en el fondo quería decir el vendedor era: “Esta computadora no es una IBM, como usted puede ver; pero es compatible con IBM.” Ajá. Compatible con IBM: esa debió haber sido la traducción de la expresión inglesa IBM compatible, pero eso era más complicado y, en este caso, el aplicar la ley del menor esfuerzo generó una traición a las normas conceptuales del español. Dichosamente, con el tiempo, esa expresión ha caído en desuso por innecesaria.
Después le tocó el turno al giro inglés tour operator, compuesto en este caso por dos sustantivos (al estilo de convention center). En este caso la traducción literal sería “operador de tours”: alguien —un agente o una empresa— cuyo negocio consiste en organizar visitas turísticas. En Hispanoamérica casi no he visto que se emplee esa expresión; pero en España —país donde nunca han sabido qué hacer con las palabras extranjeras— la han calcado como tour operador, y así se usa con frecuencia: “Solicite más información a su tour operador.” En español esta es una expresión francamente disparatada, porque el sentido común del hablante (o, en este caso, del oyente o lector) pone el énfasis semántico en la primera palabra (“tour”) e interpreta la segunda con un sentido atributivo (como lo hace, por ejemplo, con “agente vendedor”). Y un “tour” (sustantivo principal) que es “operador” (adjetivo, o sustantivo adjetivado, como atributo de “tour”) no es nada. No corresponde a ningún concepto. No existe. Aunque en lugar del calco se podría usar la traducción literal mencionada, hay también otros equivalentes como “operador turístico”, “agente turístico/de viajes” o “agencia turística/de viajes” (cuando se refiere a una empresa y no a un individuo).
En años más recientes, la expresión inglesa de similar estructura que se ha metido al español es carbon neutral. Al igual que IBM compatible, está formada por un adjetivo (neutral) al que se ha antepuesto un sustantivo (carbon) para indicar una relación no muy definida. En la prensa y en el lenguaje común (al menos en Latinoamérica; no sé cómo será en España) se ha dado un simple calco: se dice que un país o una ciudad es (o quiere llegar a ser) “carbono neutral”. Y el problema es igual que con “IBM compatible”: como “carbono” es un sustantivo y “neutral” es un adjetivo, el oyente/lector interpreta  en un primer momento que “el carbono es neutral”, cosa que no solo no es lo que se quiere decir, sino que no quiere decir nada.
Lo verdaderamente lógico y coherente con el español es desglosar esas expresiones al traducirlas, de modo que se hagan explícitas las preposiciones (tácitas en inglés) que en español son necesarias para indicar la relación que existe entre los dos miembros de cada expresión. Así, lo más “español compatible” (!) habría sido decir “compatible con IBM”, “operador de tours” y “neutral en cuanto al carbono”. Esta última es, obviamente, la que menos esperanza tiene de ser traducida correctamente algún día, por lo larga que resulta. Entonces uno podría proponer el convertirla en una sola palabra: “carbononeutral” o, a lo más, en un binomio con guión: “carbono-neutral”, si bien esto último no congenia mucho con el estilo español de formar palabras. En todo caso, el crear una expresión en forma de una sola palabra (como la propuesta “carbononeutral”) podría ser un buen camino para saber qué hacer con expresiones similares que surjan en el futuro.